Punto y coma

«— Sol Mosse»

Punto y Coma


De una "niña" para un "bandido"

Mi niño, no sabes cuál río está cayendo sobre mis mejillas al escribir estas palabras, pero necesito decírtelas, porque quizá sea mi última oportunidad de disfrutar un momento contigo, aunque solo sea entre tus ojos y mis lágrimas dispersadas.

Desde la primera vez que te vi, recorriéndome con tus pícaros ojos marrones, supe que nada en mí volvería a ser igual. Porque nadie había sido capaz de, con una mirada, generar tanto en mí. Sin embargo, esta no es una carta para describirte lo mucho que te amo. Vengo a despedirme; a despedirnos de un gran amor guardado en decenas de cartas que por años te dediqué y decenas de noches que por años me regalaste. Hoy vengo a darte la última, deseando volver al inicio, deseando que nuestro final nunca hubiese sido escrito.

Quizá en un mañana conozcas a una mujer dulce, dedicada y que te quiera. Quizá en un mañana yo conozca a un hombre con el que me sienta cómoda, cuidada y protegida. Más aún, mis ojos no brillarán de igual forma, porque conocí ese brillo en cuanto tú llegaste y sé que en cuanto te marches eso se irá contigo.

Y sé que somos jóvenes para preocuparnos por algo tan banal como un amor fragmentado en pequeños momentos o, como todos nos dicen, un ínfimo amor adolescente. Pero ellos no saben que en un pequeño y simple momento se puede sentir uno más vivo que nunca. Porque quizá esas personas que nos enjuician con la mirada nunca tendrán algo mínimamente similar a lo que entre tú y yo tenemos.

Ellos no saben lo que es ser tú, lo que es ser yo y lo que somos juntos. Ellos no son capaces de observar el mundo como nosotros, con esperanza, porque al crecer pareciera que se la arrebatan lentamente. Ellos nunca comprenderán que un amor silencioso se oye de otras formas que la audición no es capaz de alcanzar, porque la mayoría vive como si de una vida en capítulos predeterminados se tratase, atravesando cada uno sin sentirlos verdaderamente.

En cambio, tú y yo creamos los capítulos, creamos cada instante y lo vivimos día a día como únicos. Tanto nos sumergimos en nuestra novela que nos hemos olvidado de lo que nos rodea, de lo que nos limita. Elegimos hacer caso omiso a nuestros muros, y hoy se nos derrumban en la cara.

En estos días donde doy los primeros pasos rumbo a mi nueva vida no me dejo de preguntar: ¿por qué el destino ha de ser así?, ¿cómo es que siendo tan diferentes nos enamoramos tan profundamente?, ¿cómo es que sabiendo que acabaría decidimos empezarlo? Y, principalmente, ¿por qué Dios alineó nuestros pasos para luego bifurcarlos en caminos contrarios? Me enoja mucho que Dios, la vida, el corazón o algún ente espiritual haya puesto en mí este sentir para ahora tener que yo misma forzarme a eliminarlo.

Sin darnos cuenta, hemos llegado al final de un capítulo y, al cerrarlo, descubrimos que ese era el final de nuestro amor al completo. Disfrutamos tanto que no nos hemos percatado de que lo bueno siempre acaba. Yo no estaba lista para que eso ocurriese; por tanto, me negué por años a ver ese punto escrito desde el inicio.

Ojalá volver a ser dos adolescentes enamorados, besándonos en cada rincón oculto, abrazándonos a cada instante y mirándonos pícaramente de lejos. Ocultándonos del mundo adulto, ese mundo en el que jamás quisimos estar, pero al que inevitablemente acabaríamos por llegar.

Quisiera prometerte que nos volveremos a encontrar, en otra vida con otro entorno y condiciones, sin restricciones sociales o económicas. No te puedo prometer un futuro que ni yo misma sé; lo que sí te prometeré es que oraré todas las noches para que el destino nos dé una segunda oportunidad y entonces iré a buscarte, sea en el cuerpo, vida y lugar que sea, para transformar ese punto en una coma y seguir escribiendo eternamente nuestra historia.

21.10.2026

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