Unas horas con mi abuelo

«— Sol Mosse»

Unas horas con mi abuelo

Reflexión acerca de heridas y cadenas familiares




Hoy no voy a compartirles una traducción de mi alma en forma de poema; al contrario, quiero compartirles una reflexión de forma mucho más directa, sin tanta codificación como me fascina resguardar en mis escritos.

Hace unas horas, alrededor de las 19:30, me pasó a buscar mi abuelo por la estación Hurlingham, como la mayoría de las veces, para llevarme a mi casa. Hace año y medio que me mudé que lo suele hacer. Nunca compartimos mucho en el auto; hay veces que incluso nos saludamos y nos despedimos con un relajado silencio en el trayecto. En ese silencio mío se escondían muchas preguntas que me gustaría hacerle, muchas incógnitas e historias por la mitad que habitan en mi cabeza, pero optaba por el silencio porque toda mi vida creí que a mi abuelo, al ser muy silencioso, le incomodaban las preguntas, ya que cuando me respondía lo hacía de forma muy escueta. Y dado que tampoco hemos armado un vínculo cercano, me cuesta la comunicación con él.

Yo fui toda la vida muy comunicativa, amo las conversaciones reflexivas y profundas, no encuentro tanto feeling con personas que no comparten aquel amor por esas conversaciones largas mirando a la nada, y con mi abuelo creía que nunca lo podría encontrar.

Pero hoy fue distinto, quise probar a ver si realmente no funcionaría o era un sesgo mío. De camino a mi casa le pregunté acerca de su relación con mi abuela, lo cual era una pregunta muy repetida en mi cabeza. Él me respondió como siempre de forma escueta, pero yo me di cuenta de que tal vez no era porque no quisiera hablar, sino que él es una persona que se toma más tiempo antes de responder a algo. Así que le dije que si quería que merendáramos juntos y charláramos; me dijo rápidamente que sí con cierto entusiasmo y fuimos hacia su casa.

Me ofreció cenar ravioles, sacó todas las cajas de fotos de su vida y yo lo noté feliz por ese acercamiento mío. Me conmovió bastante, a decir verdad, y también me hizo pensar cómo es que a veces tenemos a personas tan cerca a las que no les prestamos atención y tienen tantas cosas para enseñarnos o simplemente compartirnos; mi abuelo es una de ellas.

Conversamos de todo un poco, le pregunté acerca de su infancia, su familia, sus valores, ciertos problemas familiares de los cuales quería saber su versión, y me llevé muchas cosas de esa conversación que quería compartir acá en mi blog...

Primero, la importancia de lo que hacemos con nuestro tiempo. Yo tengo problemas con el fantaseo, pierdo muchísimas horas de mi vida hace años fantaseando escenarios ideales y me olvido de vivir. Hoy podría haber elegido eso, podría haber elegido llegar a mi casa como siempre y fantasear, pero no lo elegí, y me di cuenta de que invertir tiempo compartiendo con un otro siempre va a valer mucho más que viviendo vidas inexistentes.

Segundo, no armar el concepto general de una persona en base a una única versión. Toda mi vida me atravesaron diversas versiones malas y buenas de las personas más cercanas a mí; me han contado cosas terribles, cosas maravillosas y cosas ocultas, así que yo he desarrollado una habilidad por no creerme todo lo que me cuentan y no sesgar mi opinión de alguien en base a una versión. Me gusta armar mis versiones en base a mis propias observaciones.

Aun así, me doy cuenta de cómo una persona puede ser muy amada por alguien y muy odiada por otra, entonces ¿ese alguien es bueno o malo? En mi opinión, nadie es bueno o malo, simplemente somos un conjunto de defectos y virtudes las cuales, según el tipo de personalidad que tengamos, podremos aceptar ese conjunto del otro o no; de allí nacen las versiones. Para fulano puede ser gravísimo que una persona no haya aportado suficiente dinero a la familia, pero para fulana puede pesar mucho más la virtud de la persona de ser muy empática. Entonces, todos tenemos personas que nos amarán y aceptarán con ese paquete.

Tercero, no todos valoramos lo mismo. Por ejemplo, yo no entendía cómo mis abuelos se quedaron juntos toda la vida en una relación donde no había nada de amor ni de pasión, pero en estas horas que hablé con mi abuelo entendí que quizá a él eso no le importa tanto como a mí. A él le importó más construir una familia estable, y eso no está mal.

Cuarto, al ver fotos de mi mamá de niña, cartas que escribía, me hizo pensar en algo simple pero que los hijos no vivimos tomando en cuenta. Mi mamá en algún momento también fue niña, también tiene sus heridas y, por cumplir años, no se sanan las heridas sino que duelen más. Va a ser tarea mía como adulta en construcción y futura madre sanar las heridas familiares para construir una familia mejor de la que yo tuve, porque esa es la tarea de un padre: estar presente, dar herramientas y transformar a mejor la cadena familiar.

Quinto, nunca sabremos realmente cuánto le duele al otro un suceso. Por más que intentemos pensarlo, nunca estaremos en los zapatos de a quien se le murió un hijo, de quien se divorció en malos términos o de quien convivió toda su vida con una persona maltratadora. Y aunque hayamos vivido algo similar tampoco lo sabríamos, porque todo lo que vivimos estará atravesado por nuestra forma de afrontamiento, entonces lo que le duele a uno puede no dolerle al otro de la misma forma o con la misma magnitud.

Y por último me gustaría cerrar con algo positivo, como siempre lo hago. Al verme dentro de esta familia, me reflejé mucho en ella: soy consciente de todas las cadenas generacionales problemáticas, de todas las piedras que se traspasan de generación en generación, de todas las heridas que fueron marcadas y me marcaron a mí también. Sé que soy una jovencita con un enorme deseo de construir un matrimonio con mucho amor y una familia unida. Si quiero cambiar a mi familia, el cambio empieza desde adentro, desde uno, porque la familia se construye en base a personalidades y dinámicas familiares que, al ser conscientes de ellas, nos permiten poder cambiarlas. Si quiero una familia más unida, debo yo crear esos valores, vivir acorde a ellos y promoverlos a mis cercanos. Debo yo encontrar y elegir personas que vivan en base a mis mismas creencias para luego transmitirle a mi futura familia dichos valores. Ahora faltan años para que construya una familia; primero me estoy construyendo a mí misma y luego iré a buscarla.

Todo esto es una reflexión; si me ven cometiendo miles de errores después de esto no me juzguen, todos los días lucho contra mis propios demonios e intento aprender de ellos. Nunca seré perfecta, pero siempre intentaré ser mejor.

20.10.2026

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